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ANTECEDENTES

A pesar de ser la novena economía más grande del mundo, la pobreza es uno de los problemas con mayor presencia y profundidad en México. De acuerdo a la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2006 elaborada por el INEGI, 44.7 millones de mexicanos vivían en condiciones de pobreza de patrimonio y 14.4 millones de mexicanos se encontraban en situación de pobreza alimentaria. De estos, 5 millones se encuentran en zonas urbanas y 9.4 millones en zonas rurales, es decir, dos de cada tres personas.
De acuerdo a los índices de marginación del Consejo Nacional de Población, de 104,359 localidades en el país, el 26.2% se encuentra en niveles muy altos de marginalidad, y el 45.3% se encuentra en niveles altos.
La pobreza tiene profundas raíces históricas relacionadas con las decisiones que las élites han tomado para conformar el modelo económico nacional (Valencia y Aguirre, 2001). Consciente de las consecuencias de las trasformaciones económicas sucesivas, el Estado ha implementado diversos programas dirigidos a medir y luego a enfrentar el rezago social. Hasta ahora sus resultados, como se nota escuetamente en las cifras, no son alentadores. “En México, la pobreza y los fenómenos de exclusión social relacionados con ella constituyen un problema antiguo. A pesar de que el bienestar es un compromiso constitucional y programático del régimen emanado de la Revolución de 1917, y de que todas las fuerzas políticas del país han coincidido en la necesidad de un sistema económico productivo capaz de proporcionar empleo, educación y salud a toda la población, no se ha podido construir un modelo económico estable capaz de atenuar la pobreza, extender la igualdad de oportunidades y generar un mínimo de bienestar para todos los habitantes. Las políticas asistencialistas y distributivas aplicadas por el Estado y por algunos actores sociales han tenido un éxito muy relativo en aliviar la pobreza, en tanto que las desigualdades generadoras de exclusión se han agravado” (Gordon, 1997)
Al hablar de pobreza nos estamos refiriendo a un estado de carencia material y de insatisfacción de necesidades básicas a tal grado que se traduce en una canasta básica insuficiente (pobreza alimentaria), privación de condiciones adecuadas de salud y educación (pobreza de capacidades) y carencias en salud, educación, pero también en vivienda, vestido y transporte (pobreza de patrimonio). (CONEVAL, 2009). De manera más amplia, la pobreza implica necesidades no satisfechas a un nivel psicosocial: necesidades psicomorales - de autoestima, dignidad y autosuficiencia -, y necesidades sociopolíticas (expresión pública, participación social, inclusión) (Leñero, 1995)
Es por eso que los pobres son sujetos caracterizados por su vulnerabilidad. La fragilidad de sus condiciones de vida los hace proclives a situaciones de alto riesgo que implican un daño e imposibilitan el bienestar personal, tales como la prostitución, la drogadicción, la violencia, la delincuencia, la migración, entre otros.
Fundamentalmente la pobreza es una condición de exclusiones (sociales, políticas y culturales) que deriva en una participación desigual en el ejercicio de la ciudadanía – lo que remite a lo “indigno” de esta condición. En consecuencia la pobreza vulnera los derechos elementales de los sujetos porque los pone en situación de abuso (de las autoridades, de otros estratos sociales, de las instituciones privadas o públicas, etc.) lo que agudiza su severidad y ayuda a reproducirla.
De la gravedad del problema - en extensión y profundidad - se desprende la expectativa legítima de que los medios de comunicación y particularmente la prensa lleven a sus páginas una de las principales preocupaciones del país – tal como se ha hecho en asuntos públicos de diversa naturaleza, tales como el narcotráfico o la corrupción de las élites políticas -, y procuren el entendimiento, por parte de la sociedad, de sus particularidades.
¿Por qué nos importa cómo se comunica la pobreza en la prensa diaria?
La pobreza, por su grado de amplitud y complejidad, constituye un fenómeno que es conocido socialmente a través de representaciones: ya sea en forma de reportes estadísticos, informes sociológicos o antropológicos, o reportes de prensa, las discusiones sobre la misma tienen como soporte y referente las representaciones sociales que determinadas instituciones - políticas, eclesiásticas, mediáticas - elaboran.
Por esta modalidad de cognición social y en parte por el control que dichas instituciones ejercen sobre ella, la cobertura periodística de la pobreza tiene significativas repercusiones sociales; aunque las diversas dimensiones asociadas a ello serán comentadas más adelante, adelantamos que una parte importante de las cogniciones, creencias y valoraciones que diversos grupos sociales sostienen sobre ese fenómeno están condicionadas por las representaciones que son liberadas al espacio público, y que en alguna medida las actitudes y las pautas de acción - o inacción - que se manifiesten hacia dicho segmento social están influidas por las mismas.
En consecuencia creemos que los medios y la prensa tienen una responsabilidad importante en este fenómeno, al alimentar las nociones que circulan y se recrean a propósito de la pobreza. En la misma medida pensamos que los investigadores en Comunicación también juegan un papel relevante al tener las herramientas para hacer visibles, y en cierto sentido conscientes, las pautas de cobertura de la prensa sobre esta problemática.
Lo que nos proponemos en este proyecto es, en síntesis, un conocimiento sistemático y objetivo de las representaciones de la pobreza en la prensa mexicana – o una parte importante de la misma -, mediante una exploración cuantitativa extensa en el tiempo y en el espacio territorial, realizada a través del método de análisis de contenido. La extensión territorial se consigue con la inclusión de investigadores de distintos estados del país que recopilarán los datos correspondientes a rotativos locales. Esto asegura que el presente estudio abarque diversas regiones y realidades, y que capte con ello los contrastes tanto en la manera en que se vive la pobreza en el país, como la manera en que se ejerce el periodismo en relación al tema. La extensión temporal se logra analizando información periodística publicada en los últimos 5 años. La determinación de un lustro nos parece adecuada para una retrospectiva de peso sobre este tema en un lapso histórico relativamente significativo. Nos parece también que proporciona una base sólida para hacer inferencias plausibles sobre las imágenes de la pobreza que posiblemente se hayan sedimentado en los lectores de estos medios.
Concebido como un diagnóstico inicial, el presente esfuerzo de investigación permite hacer inferencias más o menos válidas en dos ámbitos complementarios: el primero, acerca de la “linea” editorial e ideológica que está detrás de las representaciones que las instituciones productoras ofrecen acerca de la pobreza, lo que puede guiarnos indirectamente a instancias más profundas como las posiciones institucionales relativas a la estructura socioeconómica y la desigualdad social en el ámbito local y nacional. En segunda instancia, permite conocer las representaciones sobre la pobreza que han estado disponibles para las audiencias en el tiempo y espacio contemplados por el estudio, e indirectamente hacer conjeturas relativamente fundadas acerca de las cogniciones, creencias y valoraciones que pudieran sostenerse por los lectores a raíz de su exposición a dichas representaciones.
Ahora bien, el presente proyecto avanza en esta descripción sistemática pero se complementa con la preocupación por valorar los resultados cuantitativos a la luz de lo que se considera la responsabilidad social de la prensa y sus principios deontológicos - razón por la cual consiste en última instancia en una evaluación, tal como el título lo indica. En efecto, la presente investigación tiene un sesgo normativo relacionado con la ética ejercida y desplegada en la cobertura de la pobreza, aunque evita lesionar los propósitos de objetividad y rigor a los que apunta la investigación académica.
En ese sentido los contenidos mediáticos sintetizados en las frecuencias resultantes del estudio serán juzgados de acuerdo a parámetros normativos explícitos, que trasciendan las definiciones contingentes de sentido común. Por ello, recurrimos a un andamiaje normativo de los principios del periodismo liberal – específicamente del útil compendio de McQuail (1998) – contextualizado por la deontología mexicana expresada en los códigos de ética de diversos rotativos.
Así, la elección precedente permite utilizar esta investigación como una herramienta de veeduría mediática, que a su vez pueda ser un recurso de intervención social y participación extra académica por parte de los participantes. También se espera que la presente cuantificación sienta un precedente para la medición continua de estos indicadores y para la extensión de las mediciones hacia otros grupos vulnerables que están en una situación similar en la estructura social.



JUSTIFICACIÓN

El tema de las representaciones periodísticas de la pobreza se inserta en la agenda de las representaciones mediáticas de los diversos grupos vulnerables cuya posición subordinada en la sociedad les merece una imagen desfavorecedora en los medios, que en ocasiones reproduce o conforma estereotipos dominantes discriminadores y conducentes al prejuicio social. Esto incluye a las mujeres, los jóvenes, los indígenas, entre otros grupos.
En nuestro caso el conocimiento sistemático de las representaciones de la pobreza tiene otras dimensiones que justifican su relevancia y que se enumeran a continuación:

Dimensión social. Convivencia y tolerancia en la desigualdad
Las imágenes que los medios producen acerca de los grupos sociales excluidos son determinantes en la creación de los estereotipos dominantes en la sociedad, al reforzar los ya existentes, difundirlos, moldearlos o crear nuevos.
Puesto que el contacto de muchos lectores con el fenómeno de la pobreza se efectúa de manera predominante a través de los medios, en versiones sintéticas o generalizadoras del fenómeno, el trabajo de los mismos en la creación de estereotipos es importante, sobretodo por sus consecuencias; en efecto, una representación negativa de la pobreza puede, en el peor de los casos, reforzar las prácticas de exclusión existentes en la sociedad, al justificarlas – como en las representaciones asociadas al crimen o a la pasivididad – y consolidar así las prácticas asociadas al clasismo.
Por otro lado y en un sentido más optimista las representaciones realistas y completas pueden ayudar a promover una conciencia social sobre la pobreza que parta de un principio de igualdad y desde ahí derive en otros valores de inclusión y de respeto a los modos de vida de los otros, así como incrementar nuestra capacidad de empatía y de solidaridad hacia ese grupo – una agenda similar a la trazada por los grupos promotores de la equidad de género o el indigenismo.
Ambas afirmaciones toman en cuenta el hecho de que, más allá de las influencias actitudinales, las representaciones de este grupo pueden condicionar en alguna medida las pautas de relación y convivencia del resto de los grupos sociales hacia el mismo, entre los polos del conflicto o la conciliación social. Yendo más lejos, los medios pueden construir discursos que los propios pobres utilicen al explicar su propia exclusión.
En suma, la investigación de las representaciones de la pobreza nos puede dar una noción de la consecuencia potencial de las prácticas periodísticas de cobertura. Esto no quiere decir que reconoceremos de manera directa los estereotipos sostenidos por las audiencias - requerimos información empírica que lo indague con precisión. Sin embargo, sí podemos tener hipótesis de partida que guíen pesquisas subsecuentes, y señales de alerta que podrían emerger ante los resultados.
En este sentido, el conocimiento preciso de estas representaciones nos permitirá conocer con qué insumos cuentan los sujetos para hacerse una representación de la pobreza e indirectamente hacia qué tendencias potenciales se están inclinando las actitudes y valoraciones de los lectores acerca de este fenómeno.


Dimensión ética. Los derechos de los representados y los derechos de los lectores
La condición de vulnerabilidad de los pobres abre una dimensión ética en su representación mediática.
La palabra pública está llamada a ser responsable en el uso de la libertad de expresión que le ha sido conferida (McQuail, 1998); en este sentido las prácticas comunicativas excluyentes, discriminatorias o basadas en el prejuicio vulneran los derechos de los sujetos porque utilizan de manera irresponsable esa libertad y porque explotan su condición – espectacularizando sus tragedias – al objetivarlos como mercancía en detrimento de una concepción de ciudadanos plenos, aunque en estado de vulnerabilidad.
De igual manera se introducen aspectos éticos porque una representación desfavorecedora de la pobreza atentaría contra el derecho a la información de los lectores, ante la expectativa que se cierne sobre la prensa de ayudar al público a entender mejor la realidad social.
Esta dimensión ética es abordada en esta investigación porque en última instancia intentamos valorar el desempeño periodístico de acuerdo a parámetros normativos explícitos; dicha evaluación pone a prueba la capacidad de la prensa para sostener sus principios profesionales y deontológicos de objetividad, imparcialidad y veracidad; o desde otro punto de vista, de sostener las expectativas legítimas que los ciudadanos tienen acerca de una prensa conducida por dichos principios. Por ello el presente análisis puede ser concebido como un termómetro normativo que responda a la preocupación por el desempeño socialmente responsable de los medios.

Dimensión política. Legitimidad de la problemática en la opinión pública
En ciertas democracias la responsabilidad de la superación de la pobreza recae en manos del Estado y las políticas públicas que operacionalizan su intervención. En razón de que el Estado actúa, en parte, ante climas de opinión percibidos - que otorgan legitimidad a sus acciones -, la visibilidad que pueden alcanzar ciertos temas en el espacio público y la penetración que adquieran ahí son cruciales para que el Estado movilice recursos y priorice su atención hacia los mismos.
La influencia de los medios en este sentido se explica por los efectos de agenda que ellos tienen en el espacio público; los medios pueden crear consenso sobre los problemas públicos a atender, orientan acerca de lo que es importante y lo que es urgente mediante su jerarquización, y de esta manera "impactan en las prioridades, diseño y ejecución de las políticas públicas" (FPSP, 2007)
La discusión sobre la amplitud y posibles soluciones a la pobreza, así como la eficacia de las políticas públicas implementadas hasta el momento, pasa entonces por la magnitud del debate público que exista en torno a ello. Los medios definen las características de los referentes de ese debate, sus cualidades y acontecimientos. El tono y los términos del debate en parte provienen de estas caracterizaciones.
La dimensión política de la cobertura de la pobreza está centrada en la capacidad de los medios para activar la deliberación y el debate públicos acerca de la pobreza, y urgir al Estado a tomar medidas más efectivas en la atención a esta problemática; en una palabra, llevar el tema de una comprensión predominantemente económica y naturalizada como tal, a un encuadre que en última instancia es en realidad político. La sensibilización sobre el tema va encaminada sobretodo a darle legitimidad a los esfuerzos por aplicar recursos en él, conferir validación político social de los grupos objetivo. El "encuadre" correcto, "la forma cómo se construye esa discusión es relevante, pues pudiera condicionar determinados énfasis y objetivos" (FPSP, 2007)
Lo que se gana desde un punto de vista normativo a través de una cobertura adecuada de la pobreza es que las sociedades sean conscientes de sí y de sus desafíos mediante el conocimiento preciso de los actores y problemas de su desarrollo. Poner a estos temas en la agenda mediática impacta en la agenda ciudadana, en la agenda política, y por lo tanto, en una atención más decidida desde las políticas públicas que se articulen.
Generar el conocimiento que nos proponemos nos sirve para observar la forma en que la prensa tematiza a la pobreza y a partir de ahí, si contribuye indirectamente o no a un clima de opinión que favorece o incluso demanda intervención estatal eficaz sobre el tema que nos ocupa.

La presente investigación enfatiza en la dimensión social de fenómeno, pues el marco teórico en el que se basa contiene premisas orientadas en mayor medida a ello y porque las investigaciones empíricas precedentes apuntan hacia esa dirección. Sin embargo, no queremos dejar de señalar las otras implicaciones ya que, creemos, proporcionan una visión más amplia de las repercusiones del fenómeno que estamos analizando e incrementan así la pertinencia del objeto de estudio y de este proyecto en su conjunto.


DESCRIPCIÓN GENERAL
El presente proyecto propone la realización de un análisis cuantitativo de contenido de la prensa de diversos estados de la República, acerca de la forma en que ésta ha representado a los sujetos y procesos relacionados con la pobreza en los últimos cinco años.
Dicho análisis tiene tres puntos de observación generales: cómo se representan los sujetos pobres, cuáles son los contextos en los que se representa la pobreza, y qué prácticas periodísticas relacionadas con esta cobertura pueden ser inferidas a través del contenido.
La finalidad es contar con una descripción representativa del tratamiento que la prensa le otorga a este problema, y evaluarla críticamente a la luz de los principios del periodismo liberal.


OBJETIVOS DE INVESTIGACIÓN

Objetivos académicos:
Objetivo general
Evaluar cuantitativamente los rasgos de las personas en situación de pobreza que se encuentran representados en los periódicos principales de México, en los últimos cinco años.

Objetivos específicos
  1. Determinar la relevancia que el tema de la pobreza tiene para los medios impresos, mediante la cuantificación de las notas que los periódicos destinan a la cobertura de acontecimientos relacionados a dicho tema.
  2. Describir los atributos de representación de las personas en situación de pobreza
  3. Describir los contextos sociales en medio de los cuales se representan los acontecimientos relacionados a la pobreza, los actores sociales relacionados con los mismos, así como su tipo y grado de relación con la problemática
  4. Identificar las prácticas periodísticas que se infieren en la cobertura de la pobreza.
  5. Evaluar los resultados de esta descripción con referencia a un marco teórico normativo que establece los criterios de responsabilidad social de la prensa - de acuerdo a los principios de interés público vigentes - y los preceptos deontológicos consagrados en los códigos de ética de los rotativos, con el fin de determinar si hay conducción responsable de este tema por parte de la prensa mexicana.

Objetivos institucionales:
  1. Desarrollar la capacidad de FIMPES de integrar redes de investigación con niveles de articulación similares o superiores a las de instituciones públicas
  2. Ejecutar un primer ejercicio de investigación a través de medios remotos de colaboración que permita apuntalar esta modalidad de trabajo colectivo y que faculte a los colaboradores para ejercicios similares en el futuro
  3. Abrir la posibilidad de integrar un cuerpo académico o red de investigacion alrededor de alguno de los distintos objetos y técnicas de investigación contemplados en este ejercicio: prensa, grupos vulnerables, pobreza y/o análisis de contenido.


DELIMITACIONES

Estipuladas las características de la investigación, hacemos una relación de las delimitaciones del estudio:

· Aunque el título de la investigación alude a un análisis de la “prensa mexicana”, la cantidad limitada de colaboradores, la extensión geográfica que cubre el equipo de investigación y las limitaciones operativas dificultan una evaluación de la prensa representativa de todo el territorio nacional. Sin embargo, la investigación actual es valiosa porque sienta un precedente de trabajo colaborativo en el tema y abre la posibilidad de realizar trabajos de carácter autenticamente nacional en un mediano plazo.

· Las características y atributos a medir de la pobreza están basados en categorías extraídas de estudios empíricos, análisis teóricos previos e inferencias particulares a partir de la revisión de un corpus. Esto pudiera dejar fuera del análisis diversos atributos relevantes que no son medidos porque no están presentes en estos antecedentes y porque no fueron captados en la elaboración de las categorías. Es posible, no obstante, que los colaboradores sugieran ciertos atributos o aspectos a medir, siempre y cuando se respeten los tiempos calendarizados. Sin embargo es necesario reconocer que el análisis de contenido mide lo que se propone medir – como cualquier método cuantitativo – y que por lo tanto deja de lado ciertas características importantes que el análisis cualitativo fino, o la intuición incluso, pueden ayudar a hacer emerger posteriormente.

· Varios comentadores sugieren que la manera más adecuada de abordar los problemas que aquí describimos es mediante las herramientas del análisis crítico del discurso, debido a que éstas pueden revelarnos las estrategias discursivas a mayor profundidad, pueden dar cuenta de omisiones significativas en el contenido, pueden delinear con mayor precisión las ideologías que subyacen a lo representado y tienen una potencia de análisis mayor porque penetran en varios niveles – sintáctico, semántico y pragmático – que no son necesariamente manifiestos. Creemos que la técnica que pretendemos utilizar, con sus limitaciones, puede proporcionarnos un primer estado de estas prácticas discursivas y generar conocimiento panorámico sobre las representaciones y características más recurrentes; una vez hecho esto, el análisis crítico del discurso puede entrar posteriormente a analizar con mayor precisión aquellas representaciones que hayan resultado cuantitativamente manifiestas.